Querida Inma….
Por Enrique Carmona.
Nunca supuse que llegara a escribirte, y aun menos el motivo. Qué rara son a veces las cosas, los sentimientos, las ideas…que rabia darte cuenta cuando ya es tarde… Ahora, cuando me pesa el alma, me he dado cuenta de cuánto lo apreciaba. Siempre he creído ser justo a la hora de ejercer mi derecho a la crítica. Siempre he creído ser honesto en mis opiniones y jamás me ha dolido en prendas felicitar ante lo que creía era una buena labor. Una y otra cosa las he expuesto cuando he hablado de Juan, en público, en privado o con él mismo. Sin embargo ahora siento que mis críticas se me clavan en el alma. Creo que todos hemos despertado a una nueva realidad y hemos comenzado a conocer otras facetas de Juan, desconocidas, que nos aportan un sentimiento confuso de alegría y dolor. Alegría de descubrir el valor de una persona que se deshacía en hebras sin permitir el reconocimiento público, sin que los demás supiéramos que las causas no se lograban solas, como por arte de magia, sino con tesón, valentía y discreción… Este conocimiento origina la necesidad intima de agradecimiento que ya no se puede expresar, y se transforma en un dolor sordo y huérfano, que queda anclado dentro y sólo sale en llanto… Qué pena no haber tenido la suerte de pertenecer a los escogidos que han tenido la suerte de compartirlo… Querida Inma, no es mi intención la de compartirte mi dolor, ante tu dolor infinito. Creo que los vacíos que dejamos las personas cuando nos vamos, son tanto más amplios como plena ha sido nuestra vida. Es, por esta misma causa, que entiendo que la verdadera tristeza debiera producirla quien se marcha habiendo dejado el libro de la vida con apenas unos garabatos. Qué suerte la de Juan, haberse ido con su libro escrito hasta en los márgenes. Qué suerte marcharse con las alforjas llenas, como se van los hombres buenos… Qué suerte para ti, para tu familia que era la suya, para sus amigos y quienes lo compartisteis, contar en vuestro viaje con su legado. Qué suerte para nuestro pueblo, que podrá contar en su historia con un hombre grande… Gracias, Juan, por mostrarme la otra manera de hacer las cosas. Gracias.











