Jóvenes y Alcohol
Playa de La Antilla, Huelva, 4 de la madrugada. Un grupo de menores pasa cantando y vociferando por una calle residencial de esta zona veraniega. Se paran cuando quieren, se ríen a carcajadas. Evidentemente, están borrachos. Alguien les pide por favor que se callen y se lleva un “ande, vejestorio, déjenos vivir en paz”. Al mismo tiempo, alguien, que entra a trabajar a las 6 de la mañana en Sevilla y se ha traido a la familia para que disfrute a costa de sus sacrificio horario, se dirije hacia la carretera sorteando varias zonas de botellón, absolutamente animadas, donde muchos de los asistentes son menores de ambos sexos, que beben, orinan y fuman con toda libertad.
Ciudad de Boston, en Estados Unidos. Un grupo de menores camina por una zona residencial vociferando. También van borrachos. Una unidad policial les identifica y lleva a uno de ellos a un hospital porque no se tiene en pie y temen que se haga daño. A los otros les preguntan que dónde han conseguido el alcohol y se dirigen a la casa donde se está celebrando una fiesta. Piden apoyo a otras unidades y entran al asalto, despertando a todo el mundo y haciéndoles la prueba del alcohol a los 16 menores que allí encuentran, muchos de ellos durmiendo ya en sus camas. A 12 les sacan medidas inferiores a 0.004 en el alcoholímetro, pero se llama a sus padres para que les recojan y se les denuncia ante el Juzgado. Tendrán que responder ante un juez, sobre todo los propietarios de la casa, que han cometido el delito de permitir beber a los menores. Les va a caer una multa cercana a los 3.000 dólares y un serio apercibimiento de cárcel si vuelve a ocurrir. Sinceramente, no sé dónde quiero vivir.
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